
LAS CRÓNICAS DE MINERVA Y MONOTRIBUTO
El día transcurría sin apuros, nunca sabía bien qué hora marcaba el dios Sol, porque para nosotros, los dioses, no hay tiempo y las horas no existen…
Llegada la tarde, me dirigía a mis aposentos sin el menor indicio de voluntad para nada. Pensaba en su piel…Sólo nos besábamos, pero sabía que no debía…porque éramos hermanos…pero no me importaba nada…yo quería saber qué era, de qué se trataba y quería tener experiencia….mi hermano era el mejor en eso.
Yo sabía que era algo prohibido, escondido, secreto y pecaminoso, pero no podía dejar de practicarlo. El tampoco me lo permitía.
Me había prometido abandonarlo. Se lo diría esa misma noche.
A dos pasos de mi alcoba, observo con curiosidad que los cortinados estaban descorridos, mi cama sutilmente adornada con pétalos de rosas y una vela que invitaba a la lujuria…
Me dije que así no podría llevar a cabo mi proposición de abandonar a Monotributo.
Sus manos fueron rápidas, pero suaves. Su contacto hizo que mi piel se erizara y que mi respiración se agitara cada vez más…
Sus palabras rozaban la indecencia, me decía lujuriosas palabras a mi oído…me deseaba y yo no podía más…
Me dio vuelta y su boca atravesó la mía, bajó a mi cuello y se detuvo en mis pechos. Mientras mis manos arañaban su espalda despacio y sin dejar marcas…
Su aroma me desquiciaba, su felino andar me enloquecía más…
Cuando se cansó de mis senos bajó aun más y mi ombligo fue objeto de su vocabulario y minutos más tarde, quiso adueñarse de mi posesión más femenina y así lo hizo.
Esa fue la primera vez que fui suya.
Y lo seré por el resto de mi vida.
Día a día narraré lo que pasó, pasa y pasará entre nosotros…nada ni nadie podrá separarnos…y el que quiera intervenir, solamente lo hará como partícipe de un triangulo amoroso…(triángulo o mas? No importa, cuantos más seamos, mejor)
El día transcurría sin apuros, nunca sabía bien qué hora marcaba el dios Sol, porque para nosotros, los dioses, no hay tiempo y las horas no existen…
Llegada la tarde, me dirigía a mis aposentos sin el menor indicio de voluntad para nada. Pensaba en su piel…Sólo nos besábamos, pero sabía que no debía…porque éramos hermanos…pero no me importaba nada…yo quería saber qué era, de qué se trataba y quería tener experiencia….mi hermano era el mejor en eso.
Yo sabía que era algo prohibido, escondido, secreto y pecaminoso, pero no podía dejar de practicarlo. El tampoco me lo permitía.
Me había prometido abandonarlo. Se lo diría esa misma noche.
A dos pasos de mi alcoba, observo con curiosidad que los cortinados estaban descorridos, mi cama sutilmente adornada con pétalos de rosas y una vela que invitaba a la lujuria…
Me dije que así no podría llevar a cabo mi proposición de abandonar a Monotributo.
Sus manos fueron rápidas, pero suaves. Su contacto hizo que mi piel se erizara y que mi respiración se agitara cada vez más…
Sus palabras rozaban la indecencia, me decía lujuriosas palabras a mi oído…me deseaba y yo no podía más…
Me dio vuelta y su boca atravesó la mía, bajó a mi cuello y se detuvo en mis pechos. Mientras mis manos arañaban su espalda despacio y sin dejar marcas…
Su aroma me desquiciaba, su felino andar me enloquecía más…
Cuando se cansó de mis senos bajó aun más y mi ombligo fue objeto de su vocabulario y minutos más tarde, quiso adueñarse de mi posesión más femenina y así lo hizo.
Esa fue la primera vez que fui suya.
Y lo seré por el resto de mi vida.
Día a día narraré lo que pasó, pasa y pasará entre nosotros…nada ni nadie podrá separarnos…y el que quiera intervenir, solamente lo hará como partícipe de un triangulo amoroso…(triángulo o mas? No importa, cuantos más seamos, mejor)

No hay comentarios:
Publicar un comentario